representantes


 Alasdair MacIntyre
El filósofo británico Alasdair MacIntyre en 1981, en Tras la virtudpresenta una propuesta ética  sustancialista que es considerada junto con la de Charles Taylor como lo más representativo de esta corriente de pensamiento. 

MacIntyre en la obra señalada induce al lector a pensar un mundo imaginario habitado por seudo científicos y todas las consecuencias que con este mundo vendrían, con este ejercicio pretende extrapolar la situación al campo de la filosofía contemporánea y afirma que en el mundo actual el lenguaje de la moral se encuentra enun grave estado de desorden (MacIntyre, 1981: 13-15). 

Para entender la situación en la que se encuentra el lenguaje moral, cree él necesario entender su historia, misma que debería escribirse en tres grandes etapas.
La primera, es aquella en la que floreció el lenguaje moral, este florecimiento MacIntyre lo sitúa en las sociedades que encarnan el pensamiento del teísmo clásico y en particular en el pensamiento de Aristóteles y Santo Tomás, que de hecho son su principal marco teórico. La segunda etapa es aquella en la que el lenguaje moral sufrió la catástrofe, misma que desde su perspectiva fue ocasionada por la Ilustración.  Finalmente, la tercera Jacqueline Longitud Zamora etapa es aquella en la que el lenguaje moral fue restaurado, aunque de una forma dañada y desordenada. 





 Tras esta imperfecta restauración no ha quedado lugar más que aun emotivismo que inunda todas las esferas de la vida (MacIntyre, 1981: 25-39).

En realidad nuestro mundo es caótico y desordenado, presenta en sus creencias una mezcolanza de doctrinas, ideas y teorías que provienen de épocas y culturas distintas, de las que muchas de las veces se hacen tratamientos ahistóricos por parte de los filósofos contemporáneos. Para él, el  ethos configurado por la modernidad ha dejado de ser creíble y el proyecto de la Ilustración ha sido un auténtico fracaso, por esto es inútil continuar con la búsqueda iniciada por la Ilustración de una moral autónoma y racionalidad universal (Camps, 1981: 7).

 La solución a este desorden iniciado por la Ilustración  es intentar restaurar en la medida de lo posible la moral perdida.  En el anterior sentido es que cree nuestro autor que la gran obra a redescubrir es la  Ética a Nicómaco,  en la que el filósofo estagirita establece la triple concepción de naturaleza: ineducada  -el  hombre tal como es-,  ética racional y naturaleza humana -tal como podría ser el hombre si realizara su telos-.  Esta triple concepción aristotélica permanece central  en la concepción teísta del pensamiento y ambas tradiciones, bajo esta forma ofrecen al hombre un  telos, que en el
primer caso será el de cumplir su papel en la sociedad teniendo en cuenta que lo importante es el bien  de la comunidad, y en el segundo elsujeto se encuentra unido a la comunidad con una vida llena de sentido, porque le sigue ofreciendo un fin, aunque éste se encuentre ahora en el otro mundo (MacIntyre, 1981: 76-84). El fracaso de la Ilustración se debe fundamentalmente, según su diagnóstico, a que ésta no ofrece ningún fin al sujeto. 




Richard Rorty
De la propuesta del filósofo estadounidense Richard Rorty, trabajaremos fundamentalmente dos de sus obras: Contingencia, ironía y solidaridad y  El pragmatismo una versión, en las que creemos encontrar la clave de su pensamiento ético.  

El pensamiento de Richard Rorty presenta como marco teórico dos tendencias diversas, aunque convergentes: una versión de postmodernismo representada por Heidegger, Gadamer y Derrida,  y una visión que intenta la disolución de los problemas teológicos y metafísicos, trabajada sobre todo en el segundo Wittgenstein, Donald Davidson (Rorty, 1996), John Dewey y William James, estos dos últimos fundadores del pragmatismo clásico (Rorty, 2000: 26-27) y a partir de los cuales este autor ha sido ubicado como perteneciente al neopragmatismo.   


Richard Rorty parte en  Contingencia, ironía y solidaridad  de la contingencia del lenguaje, del yo y de la comunidad liberal. Basándose en la actitud wittgensteiniana desarrollada por Davidson, Rorty  afirma la historicidad del lenguaje, en donde las viejas metáforas se desvanecen para servir de base y contraste de metáforas nuevas. Esto permite concebir “su lenguaje” –de la ciencia y cultura europea del siglo XX- (Rorty, 1996: 29-42) como algo que cobró forma a raíz de un gran número de meras contingencias (Rorty, 2000: 113-114). Así, para este autor el lenguaje y la cultura europea no son más que una contingencia, resultado de miles de pequeñas mutaciones. En este
contexto, para Rorty hay verdades porque la verdad es una propiedad de los enunciados, porque la existencia de los enunciados depende de los léxicos, y porque los léxicos son hechos por los seres humanos; no poseemos una consciencia prelinguística a la que el leguaje deba ajustarse, no tenemos una percepción profunda de cómo son las cosas, lo que tenemos es simplemente una disposición a emplear el lenguaje de nuestros ancestros, a venerar los cadáveres de sus metáforas.  Mientras Davidson y Wittgenstein son los encargados de demostrar la contingencia de nuestro lenguaje; corresponderá a Nietzsche, Freud y Bloom demostrar la contingencia de nuestra conciencia. Así, interpretando fundamentalmente a los dos primeros autores (Rorty, 1996: 49-62) Rorty afirma que la tradición filosófica occidental concibe la vida humana como un triunfo en la medida en que transforma el tiempo, la apariencia y la opinión individual en una Jacqueline Longitud Zamora





Charles Taylor
El filósofo canadiense Charles Taylor, también puede ser ubicado como sustancialista, pero a diferencia de MacIntyre que presenta un marcado acento aristotélico y Rorty que se confiesa seguidor del pragmatismo, éste preferirá el proyecto filosófico hegeliano.  En un trazado general se puede decir que Taylor parte del progreso de la historia occidental y de la humanidad, en el sentido de una síntesis de tradiciones que finalmente han dado como resultado  una serie de continuidades históricas, mismas que constituyen las fuentes morales de la modernidad y contemporaneidad. Este autor asume una universalidad, pero concreta –la del Occidente moderno- y
en este sentido se constituye como sustancialista. 

Una vez concluido su análisis del bien, la constitución del yo (y su narrativa) y de la tendencia de éste al bien por su relación con la identidad, Taylor se avoca a la tarea de desarrollar la conformación de la identidad moderna, y para esto cree necesario partir de tres importantes facetas de la identidad humana:  a. Interioridad humana (que analiza en dos vertientes: PlatónDescartes-Locke [caracterizada como procedimental e individual] y Agustín-Rousseau-Montaigne [caracterizada como sustancial]). 

Para Taylor la noción moderna del yo, parte de la idea dentro-fuera, misma que es  históricamente limitada y predominante en el Occidente moderno (Taylor, 1996: 127), con ella se pierde de vista  que el  yo es inseparable del hecho de existir en un espacio de cuestiones morales que tienen que ver con la identidad y con cómo uno ha de ser (Taylor, 1996: 107-109). El sentido moderno del yo se despoja de la ilusión de estar anclado en su ser, un ser perenne e independiente de la interpretación (Taylor, 1996: 202-212). El yo moderno es multifacético: tiene una razón desvinculada –asociada a la dignidad y libertad autorresponsable-, autoexploración y compromiso personal. 

b. Afirmación de la vida corriente (analizada en el esquema reforma-Ilustración-contemporaneidad). Con esto se refiere Taylor a la importancia que se va gestando durante los periodos analizados de la afirmación de nuestra propia vida cotidiana,  necesaria para la producción y reproducción, como por ejemplo ser padre de familia, compartir con los amigos, etc. 

c. Noción de naturaleza como fuente moral interior (trabajado desde el Siglo XVIII hasta sus manifestaciones en la literatura del Siglo Jacqueline Longitud Zamora

XX). Para nuestro autor son la Ilustración y el Romanticismo, con su propia concepción del hombre, las que han conformado nuestras fuentes morales (Taylor, 1996: 415-416). Así para Taylor las fuentes morales heredadas del Siglo XIX a la modernidad son: la creencia de que cuando logramos la plenitud de la razón desvinculada y nos desprendemos de ataduras supersticiosas y provincianas, deberíamos ser movidos a hacer el bien a la humanidad; el ser humano natural siente una empatía animal; le inquieta presenciar el sufrimiento y está movido a ayudar; la benevolencia y la buena voluntad alejada por completo de los deseos naturales (Taylor, 1996: 432-434). 

Para Taylor las ideas de interioridad humana, afirmación de la vida corriente y nuestra noción de naturaleza como fuente moral, han tenido desde 1800 una lenta difusión hacia fuera y hacia abajo, en nuevas naciones y clases y su transferencia ha implicado una adaptación de las ideas en las que existe una sorprendente continuidad. Así actualmente pueden observarse como fuentes morales: el imperativo moral de reducir el sufrimiento (aquí se integran la significación de la vida corriente y la benevolencia universal) y el de justicia universal, el sujeto libre y auto determinante, la democracia como forma legítima de norma política, la movilización ciudadana (Taylor, 416-419). Aunque esto continúa en reserva, y el Occidente moderno es el heredero legítimo.